Una nueva sesión de Los Clásicos de FASE, el cinefórum de FASE Fundación, nos llevó esta vez hasta Capitanes intrépidos (Captains Courageous), una película que demuestra por qué seguimos volviendo al cine clásico.
Casi 90 años después de su estreno, seguimos encontrando razones para verla, pensarla y, sobre todo, hablar de ella. Porque hay películas que envejecen y otras que, con el paso del tiempo, parecen tener todavía más cosas que decirnos.

La sesión estuvo dirigida por Javier Rabell, cineasta, humanista especializado en cine clásico y project manager de TheNomba, que invitó a los asistentes a mirar más allá de la historia y descubrir todo lo que la película cuenta a través de sus personajes, su fotografía y su forma de entender las relaciones humanas.
Hay lecciones que no se enseñan con grandes discursos. Se aprenden viendo cómo viven quienes tenemos a nuestro lado.
Aprender a través del ejemplo
Capitanes intrépidos cuenta una historia de transformación. Harvey parte de un mundo en el que está acostumbrado a conseguir prácticamente todo lo que quiere y, de repente, se encuentra en un barco de pescadores donde las reglas son muy diferentes: hay que trabajar, esperar, aprender, equivocarse y asumir las consecuencias de los propios actos.
Y en ese camino aparece Manuel, interpretado por Spencer Tracy. No necesita grandes discursos para convertirse en maestro. Educa desde su manera de vivir, desde la coherencia entre lo que dice y lo que hace, desde la responsabilidad y desde una forma sencilla y profundamente humana de entender la vida.
Durante el coloquio, Javier Rabell puso precisamente el foco en esta idea: Manuel es un maestro sin método aparente, pero con algo mucho más poderoso: el ejemplo. Harvey aprende observándolo, imitándolo, equivocándose y volviendo a intentarlo.

Responsabilidad, compañerismo y segundas oportunidades
En el barco, Harvey descubre también que sus actos afectan a los demás. Hacer una guardia, realizar bien un trabajo o estar pendiente de un compañero dejan de ser obligaciones sin sentido para convertirse en una forma de cuidar a quienes están a su lado.
La película habla de responsabilidad, compañerismo, paciencia y coherencia, pero también de algo esencial: la posibilidad de equivocarse, reconocerlo y empezar de nuevo.
Manuel no abandona a Harvey cuando falla. Le hace comprender que sus decisiones tienen consecuencias, pero también le ofrece la oportunidad de aprender de ellas. Una idea que apareció con fuerza durante el coloquio: todos podemos equivocarnos y, precisamente por eso, una segunda oportunidad puede convertirse en una de las experiencias educativas más importantes.
Equivocarse forma parte de crecer. Reconocerlo, aprender y volver a intentarlo también.
Un cine que pone a la persona en el centro
La conversación también permitió detenernos en la propia manera de hacer cine. La fotografía, los contrastes, las sombras y los movimientos de cámara ayudan a contar lo que les sucede a los personajes.
Frente a la estabilidad y seguridad del mundo del que procede Harvey, el mar se mueve, obliga a adaptarse y lo cambia todo. La cámara se acerca entonces a los rostros, a las miradas y a las emociones. El gran espectáculo no está en los efectos: está en las personas.
La interpretación de Spencer Tracy como Manuel es una de las grandes razones para volver a esta película. Un trabajo que le valió el Oscar al mejor actor por Captains Courageous.

Casi 90 años después, seguimos hablando de ella
El coloquio posterior volvió a demostrar la riqueza de Los Clásicos de FASE. Surgieron reflexiones sobre la educación, la paternidad, la necesidad de sentirse parte de algo, la importancia de las figuras de referencia y la capacidad que tienen determinadas personas para ayudarnos a descubrir una versión diferente de nosotros mismos.
Porque, al final, Capitanes intrépidos habla de crecer. De descubrir que no todo se puede comprar, que necesitamos a los demás y que muchas veces las personas que más nos enseñan aparecen cuando menos lo esperamos.
Y quizá ahí esté una de las razones por las que seguimos viendo cine clásico en FASE Fundación: porque cambian las épocas, cambian las formas de hacer cine y cambia nuestra manera de vivir, pero las grandes preguntas sobre la persona permanecen.
Actividad subvencionada
